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1 de septiembre de 2015

Anitur.

Terminadas las visitas, tocó volver a la rutina panameña. Trabajar entre semana y cuando se tercia, surfing de fin de semana.

Gracias a googlemaps, he recorrido con mi ratón la costa cercana a la ciudad infinidad de veces. Tenía fichada una ola cercana a Malibú, que es donde solemos surfear habitualmente.

Un finde que madrugamos bastante e íbamos con la idea de explorar un poco, acabamos tirando de gps para llegar a la derecha que tanto había observado.

Llegamos y nos encontramos con un miniSnappers como bautizamos, salvando las distancias, obvio. Una derecha que com su primera sección rompiendo detrás de unas rocas.





Vinimos dos días seguidos. El primero fue muy sin más. El segundo sin embargo fue bastante curioso. Había subido el mar durante la noche coincidiendo con la pleamar y había causado bastantes destrozos por la costa (aquí también se construye hasta la arena, y ya sabemos que la naturaleza tiende a recuperar su terreno...).

Total que nada más coger el desvío a la playa nos encontramos con una especie de control de la Protección Civil, alertándonos de que la tarde anterior una persona se había ahogado por el fuerte oleaje. Nos pedían por favor que no nos acercásemos a la orilla y mucho menos entrar a surfear...

Llegamos al parking del día anterior y nos encontramos unas derechas perfectas y solitarias. Una tras otra las olas rompían sin que nadie las surfease. Nos quedamos un poco extrañados, nos habían comentado que la mar estaba peligrosa... Para nada. Había un puto bañazo del copón.

Por supuesto nos metimos y surfeamos por una hora y algo. Muy poca gente, algo de viento y buenas olas. CERO peligro.



Estaba esperando que me llegase la siguiente ola cuando empezaron los pitos. Al principio ni me di cuenta, no sé cuánto rato pasaría hasta que dije: Hostias, creo que ya sé qué pasa... Me hice el loco, no podía creerme que nos fuesen a echar del agua con un baño así.

Después de coger un par de olitas ya el contacto visual no pudo evitarse. Había un par de personas de Protección Civil haciendo señas para que saliésemos del agua. Además de manera muy exagerada, ni que hubiese un puto tsunami.

Salimos del agua y me puse a hablar con ellos. Me volvieron a explicar la situación, yo les dije que no había ningún peligro, que en el agua se estaba bien... En fin, para evitar problemas no volvimos a entrar.

Nos quedamos delante del pico sentados en unas rocas. Viendo el bañazo que había. La gente llegaba, les decían que no entrasen, se daban media vuelta y saltaban al agua a escondidas. Estaba curioso el espectáculo la verdad.

Pero en un momento dado llegó un grupo que ya intimidaban más que los señores de naranja. Iban uniformados en plan policía, y claro, la gente ya empezó a hacerles caso. Algo le dijo el agente a uno que salía que rápidamente llamó a sus colegas que estaban en el agua y salieron echando hostias.




 Nooooooo


En fin. Fue una putada. Entró una marejada que en pleamar sí causó destrozos, les pilló desprevenidos y claro, actuaron tarde y malamente. Su decisión fue cerrar todas las playas de la zona, a cal y canto. Casi ni te dejaban estar en la arena... ¡¡en bajamar!! En fin, el desconocimiento es lo que tiene.

Así que tocó volver a casa, pasando antes por casa del colega a tomar unas birras. Contraste de vistas en Panamá, mientras algunos ven monos desde su balcón, otros vemos moles de hormigón...



También descubrimos LA azotea de nuestro edificio... ¡Brutal!

Eso es todo por hoy.

¡Salud y buenas olas!


2 comentarios:

  1. ¡Curiosa historia! Pero seguro que lo pilláis de nuevo próximamente ;-)

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    1. Jejeje, a ver, a ver! Los locales me comentaron qué condiciones eran las mejores y tal... Hay que volver! Pero llevamos una temporada de sin olas... Arrrrg!!

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